Bodega Nanclares y Prieto. Rías Baixas

Teníamos muchas ganas de visitar la bodega de Alberto Nanclares y Silvia Prieto, pues sus vinos nos encantan; además Alberto nos parece una persona encantadora, magnética. No tenemos el placer de conocer todavía a Silvia, pero esperamos que eso se resuelva pronto. El día señalado Alberto nos recibió en la puerta de su casa del Salnés, que es donde se encuentra la bodega, con la amabilidad que le caracteriza.

Alberto recibiéndonos

Primero nos enseñó parte del viñedo, pues dispone de 2’5 hectáreas propias y otro tanto que cuidan viticultores de confianza a los que les compra uva (buscan viña vieja, no sobre explotada y que esté poco tratada). Estas 5 hectáreas totales están repartidas en diversas parcelas por toda la comarca del Salnés (Cambados, Villagarcía, Meaño, Ribadumia, Sanxenxo). Nos contó que la diferencia entre fincas a veces es tal que se podría elaborar perfectamente vino de parcela.

En Rías Baixas sólo cultivan la variedad Albariño, pues es la que mejor resultado les ha dado, contando con cepas de entre 30 y 100 años (la edad media del 80% de las cepas es de 30-35 años). En su momento hicieron pruebas con otras variedades de uva como la Loureiro o la Espadeiro pero no maduraban bien. Por lo que nos contó Alberto el viento del norte sopla en verano bajando la temperatura de la zona por lo que las uvas no llegaban a completar su ciclo vital y se pudrían. También elaboran vino en las zonas de Ribeira Sacra y Ribeiro con otras variedades como mencía, godello, brancellao, caíño, sousón, ferrón, merenzao, etc.

Alberto dejó hace un par de décadas su trabajo en Madrid de economista y se asentó en Rías Baixas. Comenzó en 1993 a encargarse de las viñas que había en la finca y en 1997 montó una pequeña bodega en el garaje de la vivienda. Cuando empezó esta aventura no tenía ni idea de elaborar vino así que se ayudaba de los consejos de dos amigos, uno enólogo y otro agrónomo. Por aquella época utilizaba abono e insecticidas, pero con el tiempo fue cambiando de idea: ahora entiende la viña más bien como un bosque y no como un campo de patatas que hay que abonar, siguiendo los principios de mínima intervención.

De esta línea vienen algunos de los nombres de los vinos que elaboran, pues al parecer, cuando una finca se trata con insecticidas desaparecen las crisopas. Alberto detectó que, tres años después de abandonar estos productos aparecieron por la finca. Las crisopas y las mariquitas (Coccinella en latín) son aliados del viticultor, pues acaban con las plagas de pulgones, ácaros, lepidópteros, etc. En esta bodega, como veis, se cuida el más mínimo detalle.

Viñas y hórreo
Viñas

Alberto nos contó que actualmente el suelo de sus viñas lleva quince años sin trabajarse, sólo se le añade compost desde hace cinco (elaborado a base de algas, estiércol, restos de poda, bagazo, etc.). Llegaron a la conclusión de que el vino está mejor si cuidan la viña de esta manera, siendo respetuosos con el ecosistema y activando el suelo, alimentándolo con vida más que con nutrientes químicos. Consideran que el suelo expresa mejor sus características cuando alcanza el equilibrio biológico, pues de este modo no está enmascarado. En la época de mildiu sí siegan la hierba, pues el sol es un buen germicida, de hecho algún año incluso 7 u 8 veces.Alberto nos confirmó que con el paso del tiempo sus vinos han aflorados toques a mineralidad y salinidad, ausentes en las primeras añadas. Por cierto, en el momento en que visitamos a Alberto las viñas empezaban a llorar, un espectáculo fabuloso.

Alberto explicándonos el cuidado de las viñas
Viñas llorando

Tras la interesante visita a la viña pasamos a la bodega, donde Alberto nos explicó que este año producirán alrededor de 21.000 litros. En bodega la filosofía es manipular la uva lo mínimo posible, simplificar la elaboración y utilizar poco sulfuroso. Fermentan cada viñedo por separado, para que exprese su identidad propia. En algunas de sus elaboraciones utilizan barricas de roble francés y de castaño. Además disponen de un pequeño laboratorio en donde Silvia analiza constantemente los parámetros.

Bodega
Depósitos de inox

Pasamos a la fase de cata, probando los siguientes vinos:

Dandelión: elaborado con viñas de Meaño y Ribadumia que cuentan con una media de 30-40 años. No se despalilla, fermenta en inox y se deja con sus lías sin trasegar hasta que se embotella. Se desfanga con frío. Al parecer este año tuvieron problemas con la fermentación espontánea, pues quedó azúcar residual así que dejarán que el calor provoque la refermentación y probablemente embotellen sólo el depósito con menos azúcar (10g/litro). Es un vino por tanto diferente del perfil afilado y ácido al que nos tienen acostumbrados pero que nos encantó, pues la acidez compensaba el azúcar residual.

Tempus Vivendi: uvas provenientes de tres viticultores de Sanxenxo. Se sigue un proceso de elaboración similar al anterior pero hay diferencia climática entre las fincas, lo que afecta al resultado finla. En la zona de Meaño, al ser interior y por tanto tener un clima más continental, las uvas maduran antes. Además el suelo también es ligeramente más arcilloso. En este caso el vino cuenta con 5g/litro de azúcar.

-Nanclares: se elabora con uva propia procedente de varias fincas. Una parte se elabora en inox y otra en madera. Antes usaba fudres y ahora se vale de barricas. Este  vino tiene un perfil típico de la subzona del Salnés: salino, complejo, se nota el trabajo viticultura. Contiene 3g/litro de azúcar.

-Soverribas: uvas procedentes de una finca arcillosa localizada en Meaño. La uva se prensa sin apurar ni forzar y el mosto no se desfanga. Posteriormente éste se pasa a fudres de roble francés, en donde fermenta. Cuando acaba este proceso se rellena, se deja reposar y no se trasiega hasta julio-agosto. Se estabiliza sin frío y se embotella sin filtrar. Tenía toques salinos, ácidos, cítricos, sedoso. En este caso tiene 1’5g/litro.

Soverribas

-Paraje Mina: es una mezcla de tres elaboraciones en inox, en madera y en tinaja. Piensan sacar dos tipos distintos: combinando inox y madera por un lado y otro elaborado en tinaja. La tinaja pertenece a Aranzazu, la mujer de Alberto, y cuenta con poca capacidad. La tinaja proviene de Padilla, Castilla la Mancha, pero la adquirieron a una bodega de Ribeiro que finalmente no la utilizó. El barro es más oloroso y desacidifica naturalmente (baja la acidez alrededor de 2 grados). Fuimos afortunados de probar el vino de la tinaja, que nos pareció limpio, con menor volumen y más recto. El elaborado en inox llenaba más la boca, era más voluminoso, y el de madera en ese momento estaba reducido por lo que piensan dejarlo más tiempo.

Tinaja

-A Dagraña: proviene de cepas de baja producción de la finca A Graña, en Villalonga, donde hay una veta de granodiorita. Para este vino usa una barrica nueva de castaño de origen catalán. La idea inicial era dejarlo en madera hasta el mes de agosto, sin embargo irán viendo cómo evoluciona. Presentaba aroma a hinojo, con ligero toque a madera, a mí me maravilló.

Dagraña

-Coccinella: elaborado con uvas de cepas de más de 100 años provenientes de la Finca de Meaño. Hasta 2012 se usaban para Nanclares en coupage. Las primeras producciones fueron en inox, pues no disponían todavía barricas. Es discreto en nariz pero muy fresco, equilibrado y delicado, se nota que tiene mucho margen de evolución. Se elabora en colaboración con José Luis Aragunde.

Coccinella y Crisopa

-Crisopa: uvas procedentes de la finca de Meaño de la que salen también las uvas para Soverribas. En este caso se trata de una elaboración con pieles (3 semanas), al estilo del viticultor portugués Anselmo Mendes. Al parecer antiguamente la fermentación con hollejos era un proceso habitual. Se elabora en colaboración con José Luis Aragunde.

Si queréis visitar su nueva web sólo tenéis que pinchar aquí. Es muy interesante también su perfil de Facebook, que yo sigo ávidamente, pues en él van relatando todos las labores que realizan a lo largo del año, es realmente instructivo. Sólo me queda dar las gracias por el recibimiento que nos brindó Alberto, por todo lo que aprendimos y por los buenos momentos que nos hacen pasar cuando abrimos una de sus botellas.

Colección

 

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